Al menos 64 personas murieron este jueves en un doble atentado suicida frente a la principal fábrica militar de armamento de Pakistán, a poca distancia de la capital, Islamabad, en un nuevo ataque que debilita todavía más al Gobierno paquistaní, en plena discrepancia interna.

“Los muertos aumentaron a 64”, declaró a AFP el oficial de policía Shafiq Ahmed. Los responsables de la fábrica habían anunciado antes un balance de 57 muertos y 67 heridos.

Este nuevo drama sucede cuando el país atraviesa una oleada sin precedentes de atentados perpetrados por combatientes cercanos a Al Qaeda y talibanes que causaron más de 1.000 muertos en un año.

Los atentados de este jueves se produjeron en la localidad de Wah, a unos 30 kilómetros al noroeste de Islamabad. Dos kamikazes detonaron casi simultáneamente sus cargas explosivas frente a las dos entradas de la Pakistani Ordnance Factory, un vasto complejo de fábricas de armas, justo cuando los trabajadores cambiaban de turno.

Maulvi Omar, portavoz del Movimiento de los Talibanes del Pakistán (TTP), cercano a Al Qaeda, reivindicó en declaraciones a AFP la autoría del doble atentado y amenazó con utilizar sus kamikazes para atentar las ciudades paquistaníes si el ejército no finaliza sus operaciones en las zonas tribales.

“Al parecer dos hombres hicieron estallar las bombas que llevaban encima frente a la fábrica, en el momento del cambio de turno del personal”, dijo a AFP Nasir Durrani, jefe de la policía de Taxila, una ciudad vecina de Wah.

La mayoría de las víctimas de este doble atentado eran trabajadores civiles de la empresa, que depende del ministerio de Defensa, precisó por teléfono a AFP Riaz Hussain, uno de los entre 25.000 y 30.000 empleados de este complejo de fábricas de municiones, obuses y otros misiles.

“Estaba trabajando cuando oí una fuerte explosión seguida inmediatamente de una segunda”, describió.

Un fotógrafo de AFP pudo ver el cuerpo despedazado de un hombre, presentado por los policías como uno de los presuntos suicidas.

Se trata del segundo atentado desde la dimisión, el lunes, del presidente del país, Pervez Musharraf, aliado clave de Estados Unidos en su “guerra contra el terrorismo”. Ese mismo día, un kamikaze mató a 30 personas en un hospital del noroeste del país.

Los talibanes paquistaníes, así como Al Qaeda, decretaron la Yihad, la “guerra santa” contra las autoridades paquistaníes después de que Musharraf ordenó en julio de 2007 el asalto a la Mezquita Roja de Islamabad donde se encontraban atrincherados centenares de islamistas armados.

El ataque causó unos cien muertos, “mártires” que el mismo jefe de Al Qaeda, Osama bin Laden, juró vengar.

El nuevo Gobierno paquistaní, formado tras las legislativas de febrero y hostil a Musharraf, lanzó recientemente bajo la presión de Washington una nueva ofensiva en las zonas tribales del noroeste (en la frontera con Afganistán), bastiones de los talibanes afganos y paquistaníes y de los combatientes extranjeros de Al Qaeda.

La operación en el distrito de Bajaur, una de las zonas tribales donde Washington cree que Al Qaeda se está reforzando, causó más de 500 muertos entre los insurgentes en dos semanas, según el ejército.

El gobierno de coalición, que indujo a Musharraf a dimitir, está más debilitado que nunca, lo que según los analistas facilita la acción de los activistas islamistas.

Los dos principales partidos del gobierno siguen negociando para llegar a un acuerdo sobre el sucesor de Musharraf antes del viernes, fecha límite.

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