Escrito por: Jose Alejandro Godoy

Ayer no fue un día fácil de cubrir. A los acontecimientos políticos se sumaron tres fallecimientos muy sentidos en el mundo del espectáculo – que comentaremos en extenso mañana sábado -. Pero vayamos a la tarea de resumir lo que fue un día relativamente agitado en el Congreso de la República.

La jornada de la mañana tuvo como centro a los medios de comunicación. Tanto la disposición de 48 minutos en TV Perú para una conferencia del vocero parlamentario aprista Aurelio Pastor como la intervención de la SUNAT en Panamericana fueron los motivos de las justificaciones de Yehude Simon.

El primer evento fue presentado como parte de la pluralidad informativa del canal del Estado, cuestión que no convence a nadie, dado que todos conocemos el sesgo oficialista que ha tenido TV Perú desde que Alan García es presidente por segunda vez. En cuanto a lo segundo, Simon ratificó lo que ya sabíamos: el gabinete no fue consultado de la noticia. El problema fue que el premier negó aquello que incluso medios cercanos a Palacio, como Caretas, han afirmado: el Presidente de la República conocía de la intervención de la SUNAT, e incluso la alentó.

De allí, el debate decantó en acusaciones de control de medios y en señalar investigaciones a medios de comunicación que supuestamente tenían problemas tributarios o que se sindican como sesgados para un lado u otro – Caretas, La Primera y La Tribuna fueron los mencionados -. La jornada matutina culminó con un intercambio verbal bastante fuerte entre el premier Simon y el congresista opositor Víctor Andrés García Belaúnde.

En la tarde, el caso de los sucesos de Bagua fue el que concentró toda la atención. La oposición hizo una sola pregunta – ¿por qué no hicieron más? – pero bastó y sobró para que Simon y Cabanillas hicieran un soberano papelón. Y lo hicieron porque no respondieron a esa única pregunta: ¿Quién fue la autoridad que ordenó el desastroso operativo de Bagua?

Yehude optó por el toreo político y no respondió a la interrogante. Prefirió la película macro y no dijo quien era responsable, aunque esbozó una autocrítica referida a . Cabanillas optó más bien por el tono confrontacional, por señalar nuevamente un complot contra la democracia – sin indicar con pruebas quienes estaban detrás del mismo – y, en su único intento de explicación, indicó que la decisión sobre el operativo había sido tomada por la Policía Nacional, tanto por su Director General como para el comando zonal.  Y ello le sonó a la oposición como evasión de responsabilidades.

De allí en más, lo de siempre: insultos, puyas, acusaciones sin pruebas y demás cosas que convierten al Congreso de la República en un homenaje a Risas y Salsa.

Al final, fueron presentadas dos mociones de censura contra Simon y Cabanillas. Las mismas serán discutidas la próxima semana. Según los cálculos, el Premier está en mejor posición por tres razones: 1. No se tendrían los votos  para botarlo, 2. El hecho de que el siguiente gabinete tendría carta blanca al no podérsele censurar sin que los parlamentarios pierdan su chamba y 3. Su propia posición luego de una semana de resolución de conflictos – Sicuani acaba de darle una tregua por 72 horas. Cabanillas si la tiene más complicada y estaría buscando cartera donde guarecerse.

Jornada larga, pero que aun deja un final por escribirse la próxima semana.

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