phpfrhlrrpmEl Comercio lo pone bien en su nota principal de hoy: los tránsfugas decidieron la elección del honesto Alva Castro en la presidencia del Congreso. La bancada aprista, con sólo 36 integrantes, hace lo que le da la gana en el Poder Legislativo.

Claro, estos tránsfugas no son tan rochosos como los que compró Fujimori en el 2000 (y que serán materia de su próximo juicio). No, pues, aquí varios permanecen en sus bancadas de origen pero a la hora de los loros ocultan sus votos oficialistas, como Margarita Sucari (Bloque Popular), David Waisman (Perú Posible) y Aldo Estrada (UPP). Otros son más descarados como el re-tránsfuga José Luna (Solidaridad Nacional) y el multituitero Gustavo Espinosa que enseñaron alegres sus votos a favor del aprismo.

Un día antes de la votación, Pedro Tenorio escribió en Somos una crónica del transfuguimo del nuevo milenio. Extractos:

El Apra bregó activamente para dividir a una bancada novata, conformada por representantes de UPP y por los nacionalistas de Ollanta Humala. Aprovechó las debilidades de algunos y así se produjo la primera gran ruptura entre humalistas y upepistas. Luego, no bastándoles con eso, los apristas trabajaron para quebrar lo que quedó de UPP, donde personas carentes de un líder y ante un futuro político personal incierto optaron por aprovechar el momento. La consecuencia es simple: al no reconocer un ‘jefe’ su votación puede irse a cualquier lado”, opina [Carlos] Bruce.

Paralelamente se produjo la descomposición de Unidad Nacional en otras dos bancadas: la propia UN –que sigue a Lourdes Flores- y Alianza Nacional, que reúne a partidarios del alcalde Luis Castañeda (Solidaridad Nacional) y del ministro Rafael Rey (Renovación).

Así, en vez de los cinco grupos parlamentarios que llegaron originalmente para el periodo 2006-2011, hoy existen ocho. Eso sin contar a media docena de legisladores ‘independientes’ que en cada votación se disparan como mejor les parece. (…)

El especialista en temas electorales Fernando Tuesta considera que los reacomodos en lo que va del periodo 2006-2011 deben analizarse como un fenómeno distinto del transfuguismo corrupto del año 2000, cuando Vladimiro Montesinos –fajos de billetes de por medio- compraba legisladores a nombre del fujimorismo.

“Hoy en día el perfil del congresista que vendría a llamarse tránsfuga corresponde generalmente al de un parlamentario nuevo, que no ha tenido mucha experiencia política previa, que no ha pertenecido por mucho tiempo al partido que lo postula o que fue un ‘invitado’ dentro de la lista. Antes un parlamentario difícilmente se iba solo, lo usual era que se desprendiera una tendencia o facción. Ahora la cosa es a título personal. Se sienten dueños de su curul y con vuelo propio, lo que es consecuencia de la precariedad de los partidos”, opina el experto.

Lo que queda por investigar es cuáles son las amenazas o prebendas que reciben los tránsfugas para votar junto al oficialismo. A menos que lo hagan por el país, claro. De hecho.

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