Escrito por: Jose Alejandro Godoy

El próximo año, varios países de América del Sur comienzan a celebrar los respectivos Bicentenarios de su Independencia.  La ocasión presenta, en varios de nuestros países, una mezcla de celebraciones, reflexiones históricas y desde las ciencias sociales y obras artísticas que recuerden lo que fue el esfuerzo independentista en nuestras naciones.

De todos los proyectos de Bicentenario, el que más me ha impresionado es el de Chile. Se ha hecho un Proyecto integral con varios componentes:

Iniciativas ciudadanas que son respaldadas por el Estado, sea de modo simbólico o a través de financiamiento vía premios y concursos.

Publicaciones y foros de debate sobre temas de memoria histórica y reflexión sobre la nación chilena y sus principales personajes. Los debates se transmiten online y también se editan en DVD.

– Un Programa Regional para involucrar las iniciativas de cada región de Chile en los esfuerzos del Bicentenario.

– Un Programa Internacional destinado a combinar esfuerzos conjuntos de actividades con países que celebran sus bicentenarios en fechas cercanas y para comprometer a los chilenos que viven en el exterior.

– Un Programa Cultural que recoge una historia de las expresiones culturales en Chile, actividades culturales especiales y el fomento de producción cultural alrededor del Bicentenario.

– Finalmente y aquí viene lo más importante, el gobierno Chileno se ha comprometido con Obras, Programas y Proyectos Nacionales, que van desde el desarrollo de las humanidades y las ciencias sociales, pasando por la mejora de la infraestructura deportiva, una red digital rural y la formación de un Museo de la Memoria sobre los años de la dictadura de Pinochet.

¿Y en el Perú? Salvo los esfuerzos aislados de un núcleo de historiadores, la asociación Perú2021 sobre Responsabilidad Social Empresarial y la mención en el Acuerdo Nacional sobre el cumplimiento de metas para el Bicentenario, no hay mucho. Y solo faltan 12 años para esta conmemoración.

Hoy, en su columna de La República, Antonio Zapata nos recuerda la importancia de la fecha:

El verdadero tema es el país, la república y sus dramas. En ocasión del centenario se elaboraron muchos estudios y algunas mentes brillantes, como Jorge Basadre, acuñaron expresiones famosas que marcaron la interpretación sobre nuestro pasado. Entre otras, “la promesa de la vida peruana”, que ubica en el futuro una esperanza de realización, ya que se reconoce una realidad conflictiva y compleja.

El movimiento del bicentenario peruano debe iniciarse en los predios de la historia, pero está destinado a extenderse a todas las disciplinas. En efecto, sólo si se piensa al país desde distintos ángulos puede arribarse a una síntesis fértil y capaz de inspirar una transformación.

La meta real es ese cambio. Hoy casi todos los peruanos tenemos la convicción de que el país funciona de manera muy imperfecta, que todo se podría hacer mejor y que somos una nación difícil. Esa constatación supera el inconformismo existente cien años atrás. Hemos retrocedido en autoestima y eso que no hemos perdido una nueva guerra con Chile.

Y para comenzar, este gobierno, cuyo presidente tiene pretenciones de serlo para el Bicentenario, debería dar las líneas maestras para un Proyecto Bicentenario parecido al chileno y que comprenda, además, el cumplimiento de metas sobre pobreza e inclusión, así como programas concretos para hacerlo.

Quizás tener esta fecha como rumbo común nos pueda ayudar como conjunto de naciones que somos a, por fin, tener una idea más ordenada de lo que somos, queremos y podemos ser como

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