Escrito por: Jose Alejandro Godoy en Uncategorized

El título del libro de Ryszard Kapuscinski no es solo una frase de compromiso acerca del periodismo. En esta célebre obra, el periodista polaco se hace una pregunta central: ¿el periodista, para serlo, tiene que ser una persona tramposa? A la conclusión a la que llega es que no. El hombre o la mujer de prensa no debe tener como centro su propia gloria, sino tratar de observar, comprender y transmitir las historias de la gente. Tener empatía y ser no negociable.

Hasta hace poco, muchos suponíamos que Américo Zambrano pertenecía a esa clase de periodistas. Los que no eran cínicos. El ex reportero de Caretas había sido premiado por sus investigaciones acerca de los presuntos vínculos de la familia Sánchez Paredes con el narcotráfico. También había participado en el descubrimiento de las conexiones del “magistrado del TC por un día” Javier Ríos Castillo con Agustín Mantilla, junto a Oscar Medrano, Gustavo Gorriti y Paola Ugaz.

Ayer, precisamente Ugaz ha develado que, lamentablemente, Zambrano cayó en aquel defecto que denunciaba Kapuscinski. Coloco los párrafos más resaltantes del impactante post de Reportaje al Perú:

Es por ese agradecimiento eterno que le tengo a la revista Caretas que debo hacer público lo que presencié detrás de bambalinas, el pasado 19 de octubre: a un periodista pidiendo desesperadamente dinero a una persona a la cual investigaba semanas atrás para la revista en la que trabajaba de editor, para –según argumentó- sacar de la clínica a su mamá que –después de mis averiguaciones periodísticas- se encontraba de buena salud en su casa, ubicada fuera de la ciudad de Lima.  (…)

Todo empezó en la mañana de ese día -que ya era complicado porque había dormido poco, ya que un familiar mío estuvo enfermo y me tuvo en pie toda la noche- con una llamada de Blanca Burmester -a quien solo había visto una vez en mi vida- a mi teléfono celular, en la que me pedía una cita con urgencia, y en la que en un principio me negué, porque estaba cansada y con un humor de perros, tras la noche en vela.

Acepté de mala gana y nos encontramos en un café de Miraflores que queda cerca de su departamento y apenas me vio, puso encima de la mesa, el Documento Nacional de Identidad del periodista Américo Zambrano Romero, y me dijo –para mi estupor- que él lo había dejado dos días atrás con el portero de su edificio, porque la buscaba con ansias y ella no conocía el motivo, aunque sospechaba que era para pedirle dinero. (…)

La osada idea de Blanca Burmester era que vaya a la sala contigua al comedor principal del departamento y sea la testigo secreta de la conversación entre Américo Zambrano y ella, hecho que al principio me negué, pero al que terminé aceptando, asumiendo que sería testigo de un diferente desenlace de los acontecimientos.

Ingresé con la joven asistente de Blanca por el ascensor de servicio al departamento, al tiempo que ella se encontraba con Américo Zambrano en el lobby del edificio y subían juntos por el ascensor normal.

Desde que arrancó la conversación, sentí una cachetada que me remeció: Blanca Burmester le increpó a Américo por sus malas prácticas periodísticas y le puso como ejemplo, el dinero que había recibido en simultáneo por el asesor de un político y de una empresaria, para realizarse una cirugía de menor cuantía; hechos que no fueron negados por el periodista y sí confirmados, ante mis asombrados oídos.

Luego, le habló de la nota que quiso publicar en portada de la revista Caretas donde presuntamente buscaba exponer un chantaje que ella le había realizado a nombre de los Sánchez Paredes, a raíz de un encuentro que tuvo Américo Zambrano con Orlando Sánchez Miranda, con la ayuda de Blanca Burmester y que salió publicada en la edición 2052 de Caretas, del 6 de noviembre de 2008.

En ese momento, Américo Zambrano le pidió repetidamente disculpas y le echo la culpa de esa publicación –que salió en la sección de Mar de fondo de la revista- a Marco Zileri, a Jaime Bedoya y le atribuyó a Enrique Zileri, errores productos de la vejez por haber dejado publicar esa nota sobre Blanca Burmester, quien fue colaboradora eficaz en el caso que se le siguió al capo del narcotráfico, Fernando Zevallos, al haber sido Jefa de Comunicaciones en la extinta aerolínea, Aerocontinente.

Zambrano negó en todo momento su responsabilidad en la nota para pasar inmediatamente a pedirle dinero a Blanca Burmester para sacar de la clínica San Felipe a su mamá.

El entonces periodista argumentaba que en la revista no le habían pagado la liquidación -que según afirmó- le correspondía tras su salida de Caretas y que estaba en una situación desesperada y que necesitaba de su ayuda monetaria. (…)

“Mi mamá está enferma, eres la única persona que me puede ayudar. No lo tomes como un chantaje”, decía una y otra vez Américo Zambrano, para mi estupor y el de todos los que lo respetábamos, hasta ese día.

Mientras tanto, Blanca Burmester, a su vez, sufría un ataque de nervios por encontrarse frente a frente con quien meses antes había buscado involucrar en una investigación periodística que finalmente salió en la sección “Mar de fondo” de la revista Caretas, y en la que de refilón, se publicaban inexplicablemente amenazas al celular de Américo Zambrano.

Esa nota en contra de Burmester y que se publicaría en la revista Caretas, iba a perjudicar de rebote, a su ex enamorado, el periodista de investigación, Miguel Ramírez, quien coincidentemente había compartido el premio que entregó IPYS en el 2007, y una de las personas en las que mas piensa el capo del narcotráfico, Fernando Zevallos, cuando se levanta cada mañana, en su celda de Piedras Gordas.

“Blanca, todo fue una calumnia, yo nunca quise hacerle daño a Miguel. Estoy aquí de la manera mas transparente, estoy dispuesto a hablar en audio o en video sobre tu inocencia. No voy a decir, Blanca me prestó y me obligó a que no publique. Yo puedo hacer muchas cosas, filmar, grabar. En la revista no me han pagado nada, ni CTS, necesitó dinero porque mi mamá esta mal”, señaló Américo Zambrano (de acuerdo a un audio de 33 minutos y 18 segundos que está en poder del blog de Larryportera).

Luego, Blanca Burmester entró a la sala donde me encontraba porque necesitaba tomar un vaso de agua, y al salir se fueron con Américo Zambrano, y una acompañante a una institución financiera, a solicitar el dinero que pedía el periodista.

Pero, antes de hacer este paseo, Blanca Burmester había hablado con el agente sectorista para decirle que le niegue el préstamo que iba a solicitar por carecer de fondos.

Una vez que le informan a Américo Zambrano que el préstamo no iba a salir, éste se derrumba en la silla y no sabe a que atinar. Está ojeroso y desesperado. Esta visita a la institución financiera está registrada en vídeo, con la fecha del 19 de octubre en horas de la tarde.

La historia, debo decir, es completamente cierta. Zambrano ha intentado negar los cargos, pero creo que el peso de las evidencias es evidente.

Debo añadir que no creo que esto haga daño a la investigación sobre los Sánchez Paredes. Independientemente del mensajero, los hechos narrados en su momento sobre esta familia ameritan una exhaustiva investigación, cuestión con la que han estado de acuerdo todas las autoridades vinculadas con la lucha contra las drogas en el Perú.

En cuanto a Zambrano, solo queda por decir que ni los galardones ni los premios garantizan la ética. Esto es una verdadera lástima, pero, dado que no hay defensores de los lectores, oyentes o televidentes en los medios de comunicación, a veces es necesario que sean los propios periodistas quienes hagan profilaxis. Felicitaciones a Paola Ugaz por su valentía al publicar este reportaje, que confirma que el maestro polaco tenía toda la razón del mundo: los cínicos, verdaderamente, no sirven para este oficio.

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